La música en la primera infancia

Raquel Pérez • 10 de febrero de 2026

 “La música es el verdadero lenguaje universal.” 

Carl María von Weber

Instrumentos musicales sencillos

La música forma parte de nuestra vida cotidiana y contribuye al desarrollo intelectual, auditivo, sensorial, del habla y motriz. 

La participación en actividades musicales activa y conecta diversas áreas cerebrales implicadas en el procesamiento auditivo, emocional, motor y lingüístico, lo que favorece la atención, la memoria y el desarrollo del lenguaje. El contacto lúdico y espontáneo con la música contribuye también a la expresión y regulación de las emociones de los niños. 

Entre los 0 y 5 años, la música se vive especialmente desde el cuerpo, los sentidos y la emoción. Cada sonido, gesto o silencio supone una oportunidad para expresarse y vincularse con los demás. La exploración sonora, el ritmo y la melodía son experiencias que estimulan la concentración, la motricidad fina, la memoria, el lenguaje y la coordinación visomotora. Este aprendizaje sucede de manera gradual y natural siempre que se cree un entorno sonoro rico y significativo en torno a los infantes, de forma similar a como adquieren el lenguaje hablado.

Música y movimiento en nuestra escuela Montessori

En la pedagogía Montessori la música se entiende como una herramienta básica para el desarrollo integral del niño, vinculada al cuerpo, al movimiento, a los sentidos y a la vida cotidiana del aula. La música ayuda al infante a estructurar su pensamiento, expresar sus emociones y afinar su sensibilidad. Desde los primeros años se propone como un lenguaje que se absorbe del ambiente, de forma similar al lenguaje oral, gracias a la mente absorbente del niño pequeño descrita por María Montessori.

La actividad de música y movimiento en la escuela es un tiempo para disfrutar, compartir y reforzar el vínculo afectivo y la socialización a través del sonido, el ritmo, el movimiento y la escucha activa. El objetivo no es la formación musical, sino favorecer la armonía interior, la concentración, el orden interno y el disfrute estético.

Las principales herramientas que se utilizan para trabajar la música son:
  • El oído y la escucha para la exploración sonora y discriminación de sonidos.
  • La voz como fuente sonora, especialmente importante en los primeros meses de vida.
  • El cuerpo y los objetos como instrumento para producir sonidos y acompañar ritmos.
  • El cuerpo en movimiento para desarrollar el sentido del ritmo, la práctica psicomotriz y la expresión de emociones.
Los objetivos que se persiguen con la actividad incluyen interactuar, comunicar y expresar mediante el movimiento, el canto y el uso de pequeños instrumentos musicales de percusión.

La actividad se realiza en inglés para favorecer su introducción de manera natural, familiarizándonos con sus sonidos y aprendiendo vocabulario relacionado con la vida cotidiana de los más pequeños.

Aspectos que se trabajan en el área de música: 
  • El desarrollo de la sensorialidad auditiva. 
  • Reconocimiento de sonidos de nuestra vida cotidiana: animales, voces humanas, de la naturaleza, de la ciudad., del hogar…
  • Reconocimiento y exploración de distintos instrumentos.
  • Audición musical activa y apreciación musical.
  • Discriminación auditiva a través de juegos de contraste sonoro. 
  • Desarrollo del sentido rítmico mediante la exploración de ritmos sencillos y movimientos corporales coordinados. 
  • Desarrollo de la escucha, la creatividad y el trabajo en grupo.
Aspectos que se trabajan en relación al movimiento y el esquema corporal:
  • El movimiento dirigido con música que favorece el conocimiento del propio cuerpo.
  • Juego sensoriomotor.
  • Estimulación del sistema vestibular con giros, balanceos y desplazamientos acompañados de música.
  • Coordinación y libertad de movimiento.
  • Desarrollo del equilibrio, psicomotricidad gruesa y fina.
Como en todo proceso educativo, podemos reforzar los aprendizajes cuando escuela y familia se alinean y complementan contribuyendo así al desarrollo integral. ¿De qué manera se pueden complementar estos aprendizajes en casa?

Música y movimiento en familia

Además de los beneficios mencionados en el contexto de la escuela, cantar y moverse al ritmo junto a las personas de referencia de niños y niñas refuerza el vínculo afectivo, aportando seguridad y bienestar emocional.

En casa y en la vida diaria de los niños fuera de la escuela podemos proporcionar estímulos musicales sencillos y accesibles:
  • Cantar canciones tradicionales y canciones con juegos de manos.
  • Contar cuentos cantados.
  • Proponer juegos de discriminación auditiva e imitación de onomatopeyas.
  • Jugar a diferenciar sonido del silencio.
  • Nombrar y atender a sonidos de la vida cotidiana para familiarizarnos con ellos y favorecer su identificación y comprensión.
  • Descubrir juntos las posibilidades expresivo-sonoras de objetos, el cuerpo o pequeños instrumentos musicales.
  • Exponer a una variedad de estilos y géneros musicales, priorizando en los primeros años melodías cortas, sencillas y canciones con rimas y ritmos marcados. 
La música puede entenderse como un lenguaje en sí mismo, una poderosa herramienta educativa que contribuye a establecer bases sólidas para el desarrollo cognitivo, emocional, motriz y social de los niños fomentando un aprendizaje natural, autónomo y creativo desde los primeros años.



Fuentes: 
Diaz, M. (2004): La educación musical en la etapa de 0-6 años. Universidad del País Vasco. Revista LEEME. Nº 14.
Lacarcel Moreno, J (2025) "El desarrollo musical de los cero a seis años”
Suberviola, M (2024) "Educar de 0 a 6 años. La música en la etapa de educación infantil” Revista Infancia 205
Por Sara Jiménez 24 de abril de 2026
En la pedagogía Montessori, el contacto con la naturaleza no es un complemento decorativo, sino una parte esencial del desarrollo del niño. Entre los materiales de vida práctica, el arreglo floral ocupa un lugar especial: es una actividad sencilla en apariencia, pero profundamente formativa. A primera vista, puede parecer solo una tarea estética. Sin embargo, cuando observamos con más atención, descubrimos que encierra principios que también están presentes en tradiciones artísticas como el ikebana japonés, el arte de los arreglos florales. María Montessori y la belleza como necesidad del niño María Montessori comprendía que el niño no solo necesita alimento físico e intelectual, sino también belleza, orden y armonía en su entorno. Para ella, un ambiente cuidado no era un lujo, sino una condición para el desarrollo emocional y cognitivo. Un entorno bello invita a la calma, favorece la concentración y transmite respeto por el mundo que nos rodea. En este sentido, los elementos naturales —como flores, plantas o materiales vivos— tienen un papel fundamental. El arreglo floral aparece entonces como una actividad que permite al niño participar activamente en el cuidado de esa belleza: observar, seleccionar, cortar, organizar y finalmente presentar flores en un recipiente de forma armónica. ¿Qué busca el niño al realizar un arreglo floral? Más allá del resultado visual, el objetivo principal no es “hacer un ramo bonito”, sino desarrollar capacidades esenciales: Coordinación motora fina y control del movimiento Sentido del orden y la organización espacial Atención sostenida y concentración Respeto por la naturaleza y los seres vivos Independencia y cuidado del entorno Cada uno de estos elementos está alineado con la filosofía Montessori de “ayúdame a hacerlo por mí mismo”, donde el proceso es siempre más importante que el producto final. Un punto de encuentro con el ikebana Aunque el arreglo floral Montessori no proviene del ikebana ni lo imita directamente, resulta interesante observar las similitudes entre ambos. El ikebana, tradición japonesa de arte floral, no busca simplemente decorar un espacio, sino expresar la armonía entre la naturaleza, el vacío y la forma. Cada elemento tiene un significado, y el espacio vacío también forma parte de la composición. De manera similar, en Montessori se valora la simplicidad y la intencionalidad. No se trata de llenar el jarrón con muchas flores, sino de permitir que el niño observe con claridad, elija con criterio y trabaje con orden. La belleza surge de la sencillez. En ambos casos encontramos una misma idea de fondo: la naturaleza no se domina ni se exagera, sino que se respeta y se observa con atención consciente. La belleza como experiencia educativa Cuando un niño realiza un arreglo floral en un ambiente Montessori, no está simplemente “decorando”. Está viviendo una experiencia que integra sentidos, movimiento y emoción. Está aprendiendo que la belleza no es algo externo que se consume, sino algo que también se construye con cuidado, paciencia y respeto. Está descubriendo que cada flor tiene un lugar, un equilibrio y un tiempo. Este tipo de experiencias dejan una huella más profunda que muchas explicaciones teóricas, porque conectan al niño con una forma de estar en el mundo más pausada, atenta y respetuosa. Resumen El arreglo floral en Montessori nos recuerda que educar no es solo transmitir conocimientos, sino también cultivar sensibilidad hacia la belleza y la naturaleza. Al igual que el ikebana, aunque desde contextos diferentes, nos enseña que la armonía no depende de la abundancia, sino de la intención, la observación y el respeto por lo esencial. En un mundo acelerado, ofrecer al niño momentos de este tipo es también ofrecerle una forma distinta de mirar la vida: más consciente, más sencilla y más humana.
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El ambiente de Nido se entiende principalmente como una prolongación del hogar , un lugar donde niños y niñas se sientan seguros, atendidos y respetados . Comenzar la escuela abre un sinfín de posibilidades de aprendizaje y encuentro con otras figuras de referencia y sus iguales, pero también es un momento de especial sensibilidad tanto para los infantes como para las familias. En nuestro ambiente de Nido, es importante fomentar la creación de un vínculo seguro y fuerte entre las acompañantes y los niños, puesto que esa sensación de confianza y seguridad es necesaria para explorar y experimentar el mundo. Creamos un entorno cálido y acogedor donde la libertad de movimiento y la exploración autónoma cobran especial protagonismo. El movimiento libre es nuestro pilar fundamental . Consiste en ofrecer un lugar donde los niños y niñas puedan explorar y desarrollarse a su propio ritmo sin la intervención innecesaria del adulto en sus juegos y movimientos. En este espacio ofrecemos diferentes materiales adaptados a la edad evolutiva de nuestros pequeños, colocados a su altura para facilitar la exploración de manera autónoma . El que el adulto de referencia está presente acompañando y observando el juego, respetando siempre los ritmos y necesidades de cada infante, con calma, sin prisas ni expectativas y transmitiendo seguridad para potenciar su autoconfianza. Otro punto diferencial en el ambiente de nido es la calidad de los cuidados. Intentamos dar a cada niño y niña su espacio, su momento de atención plena cuidando sus necesidades básicas y aprovechando estos momentos para interaccionar con ellos de manera individual. De esta manera reforzamos el vínculo entre los niños y su figura de referencia, haciendo que se sientan seguros, atendidos y queridos. El Nido es un entorno respetuoso con el infante, sin zonas restrictivas- no hay cunas, ni parques, ni hamacas ni tronas- , donde confiamos en sus capacidades y decisiones para que se sientan libres y seguros para explorar y conocer el mundo a través de sus sentidos.
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