El control de esfínteres: un proceso madurativo

Sara Jiménez • 15 de enero de 2024

"Nadie hasta ahora ha considerado al niño en su propio valor como un gran artista, un trabajador infatigable, puesto que tiene que ir construyendo por sí y de sí mismo el más noble y bello edificio entre todas las obras de la naturaleza: el del hombre adulto” 
M. Montessori

Imagen de dos niños frente al inodoro.

El cerebro establece conexiones entre el sistema nervioso y los músculos que controlan el esfínter. Hasta que esta conexión no está establecida, el niño no tiene conciencia de su cuerpo y, por lo tanto, no puede controlar de forma voluntaria su esfínter. Este proceso se desarrolla en tres ámbitos: 
  • Ámbito neurológico: permite reconocer y ser consciente de las señales del cuerpo.
  • Ámbito motor: permite aprender a contraer y relajar músculos asociados.
  • Ámbito emocional: permite que el niño pueda estar relajado, sin presiones, sin cambios, etc.
Se llama control de esfínteres a reconocer cuándo se tiene pis o caca y ser capaz de retener su salida hasta estar en el lugar adecuado para su evacuación.

El pañal no se quita, se deja

Es preciso hacer una diferenciación entre empezar a tomar conciencia y llegar a controlar los esfínteres. También debemos tener en cuenta que es muy diferente el control de esfínteres diurno al nocturno.

Llevar pañal mientras dura el proceso no debe suponer ningún problema, ni significa que haya un retroceso. Controlar el esfínter es algo que no se puede aprender, pero sí podemos acompañar y trabajar con el niño. Que el niño tome conciencia e identifique y nombre cuándo ha hecho pis o caca no significa que esté preparado para dejar el pañal. Durante el proceso madurativo, es normal que haya días en los cuales controle mejor que otros y esto tampoco significa un retroceso.

En el control de esfínteres intervienen varios reflejos primitivos, por lo que es normal tener “accidentes” hasta la completa integración de los mismos. 

¿Qué hay que evitar?
  • Los premios y castigos. El control de esfínteres no es una competición, es un proceso de maduración en el desarrollo.
  • Comparaciones con otros. Se puede alentar y comentar, pero nunca comparar o ridiculizar.
  • Dejarles sentados en el baño hasta que hagan pis o caca u obligarles a ir cada rato para ver si sale, etc. Tenemos que recordar que son ellos quienes deben controlar su cuerpo e identificar sus señales, no nosotros
No hay una época ni estación del año mejor que otra, ni tampoco una edad predeterminada para dejar el pañal.

¿Cómo podemos ayudar?

Una vez que el niño esté preparado, podemos establecer rutinas. El cuerpo funciona como un reloj. La misma rutina que puede tener el adulto nada más levantarse o acostarse es perfectamente válida para el niño.

Conviene usar ropa cómoda que se puedan poner y quitar solos desde el inicio del proceso (cuando comenzamos a cambiarles de pie). No es necesario esperar hasta el día en que comienzan a tener interés.

Tener un ambiente preparado. Adaptar el lavabo a su altura mediante el uso de un alzador o usar el bidé, poner una toalla para secar las manos, papel higiénico, pañales de entrenamiento (pull-ups), jabón de manos, algún cuento si tenemos y una sillita.

Podemos mostrarles los elementos que componen el baño, e incluso podemos involucrarles pidiéndoles si les apetece acompañar cuando algún adulto necesite usar el baño.

Hablar con ellos a su altura mientras se les cambia el pañal o usan el baño. Se les puede invitar a que participen de forma activa en su cambio de pañal.

Acompañar con frases como: “Veo que estás mojado, ¿Te apetece cambiar el pañal?” o “¿Te sientes cómodo? Me parece que estás mojado, ¿Qué te parece si cambiamos el pañal?

Fomentar y ayudarles a familiarizarse con el uso del baño con frases como: ” Parece que necesitas ir al baño”, “¿Te apetece sentarte en el váter para hacer pis o caca?”; ¿Quieres que leamos un libro sobre el uso del baño juntos?”; “Estás mojado, ¿Quieres probar si sale más pis en el váter?”, etc.

Es un proceso divertido de crecimiento en autonomía personal, hazlo divertido, organiza actividades relacionadas con el baño como por ejemplo puzles de secuencias del uso, o una bolsa estereognóstica con material para identificar y ganar en vocabulario.

Y sobre todo, ten mucha paciencia y piensa que no es cuestión de tiempo, es cuestión de maduración fisiológica.

Recuerda ¡Sigue al niño!

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En la pedagogía Montessori, el contacto con la naturaleza no es un complemento decorativo, sino una parte esencial del desarrollo del niño. Entre los materiales de vida práctica, el arreglo floral ocupa un lugar especial: es una actividad sencilla en apariencia, pero profundamente formativa. A primera vista, puede parecer solo una tarea estética. Sin embargo, cuando observamos con más atención, descubrimos que encierra principios que también están presentes en tradiciones artísticas como el ikebana japonés, el arte de los arreglos florales. María Montessori y la belleza como necesidad del niño María Montessori comprendía que el niño no solo necesita alimento físico e intelectual, sino también belleza, orden y armonía en su entorno. Para ella, un ambiente cuidado no era un lujo, sino una condición para el desarrollo emocional y cognitivo. Un entorno bello invita a la calma, favorece la concentración y transmite respeto por el mundo que nos rodea. En este sentido, los elementos naturales —como flores, plantas o materiales vivos— tienen un papel fundamental. El arreglo floral aparece entonces como una actividad que permite al niño participar activamente en el cuidado de esa belleza: observar, seleccionar, cortar, organizar y finalmente presentar flores en un recipiente de forma armónica. ¿Qué busca el niño al realizar un arreglo floral? Más allá del resultado visual, el objetivo principal no es “hacer un ramo bonito”, sino desarrollar capacidades esenciales: Coordinación motora fina y control del movimiento Sentido del orden y la organización espacial Atención sostenida y concentración Respeto por la naturaleza y los seres vivos Independencia y cuidado del entorno Cada uno de estos elementos está alineado con la filosofía Montessori de “ayúdame a hacerlo por mí mismo”, donde el proceso es siempre más importante que el producto final. Un punto de encuentro con el ikebana Aunque el arreglo floral Montessori no proviene del ikebana ni lo imita directamente, resulta interesante observar las similitudes entre ambos. El ikebana, tradición japonesa de arte floral, no busca simplemente decorar un espacio, sino expresar la armonía entre la naturaleza, el vacío y la forma. Cada elemento tiene un significado, y el espacio vacío también forma parte de la composición. De manera similar, en Montessori se valora la simplicidad y la intencionalidad. No se trata de llenar el jarrón con muchas flores, sino de permitir que el niño observe con claridad, elija con criterio y trabaje con orden. La belleza surge de la sencillez. En ambos casos encontramos una misma idea de fondo: la naturaleza no se domina ni se exagera, sino que se respeta y se observa con atención consciente. La belleza como experiencia educativa Cuando un niño realiza un arreglo floral en un ambiente Montessori, no está simplemente “decorando”. Está viviendo una experiencia que integra sentidos, movimiento y emoción. Está aprendiendo que la belleza no es algo externo que se consume, sino algo que también se construye con cuidado, paciencia y respeto. Está descubriendo que cada flor tiene un lugar, un equilibrio y un tiempo. Este tipo de experiencias dejan una huella más profunda que muchas explicaciones teóricas, porque conectan al niño con una forma de estar en el mundo más pausada, atenta y respetuosa. Resumen El arreglo floral en Montessori nos recuerda que educar no es solo transmitir conocimientos, sino también cultivar sensibilidad hacia la belleza y la naturaleza. Al igual que el ikebana, aunque desde contextos diferentes, nos enseña que la armonía no depende de la abundancia, sino de la intención, la observación y el respeto por lo esencial. En un mundo acelerado, ofrecer al niño momentos de este tipo es también ofrecerle una forma distinta de mirar la vida: más consciente, más sencilla y más humana.
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